viernes

De este lado

Me creeré solo angosto campo
del grito en la vereda de al
lado.
Me sonreirá la vergüenza del
total desenfado en este sucio
papel
por el frente de mis pasos asolados
de mis sienes y el después
en las luces de un otoño aventurero
de un invierno incierto,
con las calles llenas
y mis cafés cortados
el periódico doblado en cuatro,
acariciando ese verano que voló
por encima de mis ventanas
y debajo de mis sabanas.

Me creeré la neblina que amanece conmigo
Recorreré ese instante de tu vientre quieto
y por el timbre de un te quiero
levantaré mi sabana, cubriré mi almohada
para encontrar las hadas de unas horas
que se cubren sobre el cristal de un espejo
allá, en la cresta de una ola del waykiki
en estas horas de los tiempos cavados
allá, en la avenida amarilla
de un país inventado
con su gente sola y su mendigo apretado,
en la emoción de la lotería de un encuentro
en una esquina aparecida
con un libro y la mirada tibia
de los treinta y tres.

Me creeré la moneda de los mil
dilapidando fortunas, para probar el descanso
en la gratitud de un amigo;
el encaje en un buen talle
y el lazo que ata tus cabellos
me retará y en mi puño dolerá
la vieja historia de tu labio roto
me lo creeré y entonces
me los creeré también
porque es mi sien, mi cana
toda mi historia y tu preñez
delante y por debajo del ministerio
en la complicidad de un acto presidencial
o en la trova de un canto
en lo lleno de una luna llena
rezaré mi esperanza al amigo
para que en mi recuerdo
reencuentren, otra vez
el asomo de un
creer.

martes

Condición líquida de las palabras

Escuchaba su respiración, el murmullo del teclado delatando su traición había cesado. El tiempo estaba congelado, todos en la sala lo sabíamos, pero hacíamos como que cada cual estuviera en sus respectivos rincones, dispersos a miles de kilómetros, con franjas horarias que anclan la rutina diaria, la siesta, el segundo café, el insomnio. Pero estaba ocurriendo más allá de nuestra ausencia presente, más acá de nuestra coincidencia en la virtual sala. No sabíamos cuanto tiempo había pasado (a lo mejor treinta segundos, pero… treinta segundos...) desde que había terminado de leer su confesión. Las palabras se le fueron derramando en una cascada imposible, las eses atropelladas, las erres que se soltaban retorcidas con el temblor de aquella renuncia inaudita. Agazapados en nuestros rincones confiábamos en la buena disposición de cada uno de nosotros para interceder en el momento oportuno, en una exculpa que le aliviara del peso que arrastraba con su canturreo de noches inconsistentes de falsos nombres, caretas y disfraces de papel arrugado. Se detenía como para depositar cada uno de sus diferentes trajes sobre la sala y mirarlo con cierto orgullo que su espíritu medieval le aguijoneaba desde adentro. Al siguiente de cada uno (de los trajes) contaba los detalles para él, más sutiles del engaño, del escenario tejido desde una pequeña libreta donde anotaba los puntos débiles a los que debía, en su momento, (afilaba la voz y podíamos mentalmente ver los ojos empequeñecidos por el placer) asestar el golpe que desarmara cualquier defensa. El tecleo que escuchábamos hacía soltar los trajes colgados en la sala, como muestras de caza debidamente disecadas para nuestra observación. La respiración del monstruo delataba por momentos lo fétido de sus entrañas y hacía que tuviéramos que pasarnos la mano por la nariz. Vimos desfilar muchos remedos, algunos desconocidos, otros, alguna vez visto y eran como cadáveres de alguna catástrofe dispuestos para su identificación. Posiblemente a cada uno de nosotros nos tocó identificar a más de uno y era como encontrarse de cara con el absurdo, con el accidente de carretera, con un atropello que deja únicamente el tiempo de respirar hondo y sentir flojas las piernas, entonces allí estaba desinflada de vida, arrugada en sus letras, la aparición voraz de nuestro amor que nos miraba sin ojos ya, sin aquel brillo que tanto impactó en nuestra cordura, cuando nuestra inocente entrega le hacía depositario de nuestra devoción.

viernes

ARACNIDA



A veces se hila, otras se teje. Solo cuando la penumbra barre nuestro escenario de cuerdas, la tela aparece inconfundible con su concéntrico raciocinio. 
Toma un tiempo darse cuenta que uno ha sido víctima de sí mismo, de su propio embrollo, sutil caminar entre cuerdas flojas por las que navegamos flotando por el chorro boscoso de las palabras, de las ideas, victimario exaltado, mosquito mamífero de un fatal encuentro.
Uno a uno, los hilos se sujetan suspendidos, esperando viscoso el vuelo equivocado, la pirueta mal calculada, aguardando con su perfecta mecánica, la vibración alerta de un nuevo trofeo. 

Desde un rincón inicia sutil su comparsa de patitas, casi con desdén de sabia cazadora, pasea tenue por el aire llevando consigo la memoria de su tarea momificante.
En su recorrido por los bordes, observa nostálgica, el abismo de su no mundo, lo perdido por su calidad de insecto tejedor. Se detiene al final de sus ocho pasos, y mira a través de sus pupilas, un universo alguna vez confiado a su creación. 
Todo está en orden, la mesa limpia donde se depositan los folios, el estante vomitando libros, la lamparita baja que cruza hasta la pantalla del ordenador, los cascos, los altavoces que la miran disueltos en su silencio.
Avanza otros ocho pasos más, y queda en ángulo recto con el sillón. Ya no mira, ahora observa en su interior que la tarea creativa debe darse como un tejido, un viejo juego de cordeles que armen la invisible pared-trampa, que detenga las viejas formas, debe dar cumplimiento a su tarea se dice; aplicarse en sumergir el cuerpito ahora inmóvil, entre el sin fin de vueltas de sus ideas, deberá momificarlo y será un recuerdo más entre todos los que ha ido coleccionando.

Ó      MACS
                                     



                                             Nuestra siguiente Vida
Siempre empiezas por meterte en mi día, de la misma manera; reencontrando las esquinas no atendidas, sorprendiendo a una estrella solitaria, arrancando la uva de la carretilla, sosteniendo complicidades que vienen desde la vez que jugamos desnudos mirando una revista que nos retaba. Pero tú y yo, lo sabíamos, solo jugaríamos. Entonces te enseñe mis hombros, mis piernas, y aparecieron tus senos, tu vientre perfecto, la curva de tu talle. Supimos, que podíamos confiar en nosotros, y que tú y yo, lo sabemos, jugaríamos.
Te decía, te metes, porque te encuentro adentro, cuando te encuentro. Estás dentro, solo tengo que tenerte al frente para saber que estás allí, encima de mis hombros o debajo de mis palmas, cuando acaricio tus cabellos, y beso tu frente. Siempre es igual: estás...
Fue sabueso, quien hizo que cambiáramos todo. Llegábamos a comer donde Isaías y apareció. Entonces decidimos, apurados, ir a otra parte. Sabueso es bueno, tú lo sabes, tanto como yo sé de Vanesa. No se imaginan. Sabueso llegó y no nos vio y si nos hubiese visto tampoco pasaba nada, porque dos inocentes compañeros lo invitarían a su mesa, daría recuerdos para Vanesa y después yo vería como marcharías con él en doméstica camaradería. Pero esa noche no fue así. No, después del cine en francés, de ese sabor en la boca, con las ganas de hablarnos lo que nos hablamos, más aún cuando de pronto descubrimos un alto en la noche, un globo de tiempo. Porque tú y yo estuvimos todo el tiempo allí, en la pantalla del cine Canout, en donde trabajamos. Desde los primeros minutos los dos supimos donde estábamos, quienes éramos. La música de acertijo. Luego, los primeros planos de ese granítico abrazo, dos mármoles estrellados de brazos asidos, una espalda, un fundido, entrelazados los brazos, gotas en el blanco y negro que tanto, sabía yo, te gustaba. “Tú no has visto nada en Hiroshima...nada, nada” entonces me clavas las uñas y me dices “Lo he visto todo, todo. El Hospital por ejemplo” y es entonces cuando nos deslizamos en la historia, la historia brutal y despiadada, el horror explicado con palabras que son tuyas, de cómo mirabas a la gente en los museos, las noticias que seguiste porque ya existías, “desde el primer día, desde el segundo día, desde el tercer día” y yo te decía: “tú no has visto nada, nada...” pero explicabas el renacer vigoroso de la vida desde las cenizas, y yo te decía: “te lo has inventado todo”. Me apretaste la espalada para decirme que como en el amor existe ese espejismo: “el espejismo de poder no olvidar nunca.”
Nos cambio los planes de un lomo saltado que tan bien los hacía Isaias, por esos fettuchines a lo Alfredo de las calles de las pizzas, y ese vino que encendió tus mejillas además de lo que después ocurrió. Que, aunque, tú y yo sabíamos que debía haber sido así, tan como tenía que ser, porque sabríamos que los dos ya éramos cuatro. Ya éramos amantes. Sin embargo, el tiempo y el recuerdo te lleva a ese amor imposible a este amor imposible, ya somos todos. Fue en Ayacucho, él era de allí. Fuiste tan joven y él, tan soldado, fueron tan amantes. Todo comenzaba, el mundo comenzaba. Contabas que en Nevers, y pensabas en el Ayacucho de entonces, y ahora en Tripoli, en Gaza, Jarkov, en Abuya, en mil sitios donde sigue ocurriendo, en las granjas, en las ruinas, en todas partes. Se citaban como todos, en todas partes. Hasta que él murió, por todas partes murió, sigue muriendo, nosotros seguimos viviendo, continuamos muriendo. Empezamos a comprender por qué estamos aquí, y te siento respirar, respirar aliviada porque ya viene la historia de tu locura, la loca historia de nuestra locura que sigue allí repitiéndose en todas partes, aquí también. ¡Qué jóvenes fuimos una vez
Y fue así que cuando llegó el momento de levantarse de la mesa de la calle de las pizzas, y tomarte de la mano para cruzar la calle, sentí tu presión discretísima, y no me mirabas, y creías cruzar la calle, pero en verdad cruzabas por ese instante de un beso mojado por la lluvia. Y me abriste la boca y tu vientre para que yo cruzara contigo nuestra calle de no jugar. Porque esa noche, bien lo sabíamos no jugaríamos. Por eso cuando Coco aparece y es un sabueso, volteamos en redondo y entramos en la primera calle y echamos a correr, porque Coco es bueno pero tú y yo, lo sabíamos, él estuvo allí, en la Embajada de Japón, entre los que vivieron para recordar y no olvidar. Porque sabueso es bueno, pero tú sabes que él te mira y se duele y tú no le mientes, como tampoco yo a Vanesa y a nuestra manera somos felices. Solo que ahora por la fuerza de la costumbre, se repite el recuerdo que son todos los recuerdos y ellos no están, pero están mirando la pantalla diciéndose esto mismo, diciéndonos esto, para no olvidar. Saborear el bocado mirando al otro, tocar mi aliento con tus dedos, encajar una palabra a tu silencio y volver al tema eterno, estar dentro del otro, ser el otro, mirar tu risa calma, los cabellos en desorden, el brillo de tus ojos en la copa. Decirme, decirte, repetirte no olvidarte, olvidar como del amor mismo y sentir el horror del olvido. Seguimos comprendiendo y reconociendo el instante, el peligroso instante entre los millones instantes de nuestras vidas, que hace posible reunirnos allí y saberse tan cerca de uno, confundido en el otro. "Me matas... me sanas. ¿Quién eres?", "Defórmame a tu imagen"
Por eso, la ventana de este cuarto es la ventanilla de nuestra nave, en la que viajamos hacía el amanecer y concedernos nombres que no se pueden olvidar en una vida, en dos vidas, en tres vidas... Escuchar quedos, al incierto día de nuestra siguiente vida.



 ©Marco A. Carranza Salas

jueves

Manifiesto

Manifiesto "En defensa de los derechos fundamentales en Internet"

Ante la inclusión en el Anteproyecto de Ley de Economía sostenible de modificaciones legislativas que afectan al libre ejercicio de las libertades de expresión, información y el derecho de acceso a la cultura a través de Internet, los periodistas, bloggers, usuarios, profesionales y creadores de Internet manifestamos nuestra firme oposición al proyecto, y declaramos que:

02-12-2009 -


1. Los derechos de autor no pueden situarse por encima de los derechos fundamentales de los ciudadanos, como el derecho a la privacidad, a la seguridad, a la presunción de inocencia, a la tutela judicial efectiva y a la libertad de expresión.

2. La suspensión de derechos fundamentales es y debe seguir siendo competencia exclusiva del poder judicial. Ni un cierre sin sentencia. Este anteproyecto, en contra de lo establecido en el artículo 20.5 de la Constitución, pone en manos de un órgano no judicial -un organismo dependiente del ministerio de Cultura-, la potestad de impedir a los ciudadanos españoles el acceso a cualquier página web.

3. La nueva legislación creará inseguridad jurídica en todo el sector tecnológico español, perjudicando uno de los pocos campos de desarrollo y futuro de nuestra economía, entorpeciendo la creación de empresas, introduciendo trabas a la libre competencia y ralentizando su proyección internacional.

4. La nueva legislación propuesta amenaza a los nuevos creadores y entorpece la creación cultural. Con Internet y los sucesivos avances tecnológicos se ha democratizado extraordinariamente la creación y emisión de contenidos de todo tipo, que ya no provienen prevalentemente de las industrias culturales tradicionales, sino de multitud de fuentes diferentes.

5. Los autores, como todos los trabajadores, tienen derecho a vivir de su trabajo con nuevas ideas creativas, modelos de negocio y actividades asociadas a sus creaciones. Intentar sostener con cambios legislativos a una industria obsoleta que no sabe adaptarse a este nuevo entorno no es ni justo ni realista. Si su modelo de negocio se basaba en el control de las copias de las obras y en Internet no es posible sin vulnerar derechos fundamentales, deberían buscar otro modelo.


6. Consideramos que las industrias culturales necesitan para sobrevivir alternativas modernas, eficaces, creíbles y asequibles y que se adecuen a los nuevos usos sociales, en lugar de limitaciones tan desproporcionadas como ineficaces para el fin que dicen perseguir.

7. Internet debe funcionar de forma libre y sin interferencias políticas auspiciadas por sectores que pretenden perpetuar obsoletos modelos de negocio e imposibilitar que el saber humano siga siendo libre.

8. Exigimos que el Gobierno garantice por ley la neutralidad de la Red en España, ante cualquier presión que pueda producirse, como marco para el desarrollo de una economía sostenible y realista de cara al futuro.

9. Proponemos una verdadera reforma del derecho de propiedad intelectual orientada a su fin: devolver a la sociedad el conocimiento, promover el dominio público y limitar los abusos de las entidades gestoras.

10. En democracia las leyes y sus modificaciones deben aprobarse tras el oportuno debate público y habiendo consultado previamente a todas las partes implicadas. No es de recibo que se realicen cambios legislativos que afectan a derechos fundamentales en una ley no orgánica y que versa sobre otra materia.